domingo, 18 de enero de 2009

Abstracta realidad de un asenino.






















Estoy escondido.
Detrás de un contenedor de basura. Color azul.
He reincidido.
Siento ganas de más y más.
Sin embargo los calmantes siguen robando la esencia de mi ser.
Ya no quiero pintar con la sangre de otros.
Solo necesito encender mi cámara fotográfica y llevarme un retrato más para el collage.
Recopilar un par de serpientes y tomar una copa de brandy.
Invertir la posición de los cuadros de mi pequeño estudio.
Estudiar la anatomía humana, leer sobre vampiros y nuevamente masturbarme, sin importar cuan dañinos sean los efectos secundarios de este par de píldoras que debo tomar.
Afinar mis navajas.
Pensar más allá de mi abstracta realidad.
Respirar libremente
Descubrir la piedad de quien fuesen mis victimas.
Dibujar cuervos en el minúsculo cielo de este cuarto.
Incendiar un auto y explotar dentro de el.
Morir.
Ascender.
Y reencarnar.

G.

martes, 6 de enero de 2009

Versiones de una verdad.

Es lamentable como nuevamente María se levanta de su cama arañando el cubrecama que mama con mucho amor elaboro en su humilde maquina de coser.
A pesar de ser una chica de clase media alta, María siempre tuvo noción de metas muy ambiciosas para su vida.
Ella siempre supo que no era ninguna niña a pesar de que todos en su familia solían subestimarla.
Lucho siempre por una verdad.
María amanece desgarrando el hilo dorado de su cubrecama por no encontrar solución a la depresión que invade su ser.
Lleva meses en el mismo hoyo que la sociedad ha creado para sí.
Ha plantado un lago en sus delicados pies por creer que el bien siempre seria un valor agregado a su vida que nunca llegaría si no llegase a ser una de esas chicas plásticas con las cuales siempre tenía que compartir el mismo vivir diario.
Las criticas a sus mejillas llegaban en forma de bofetadas que una y otra vez la hacían sentir una desadaptada social, por siempre llevar en alto los valores y las buenas costumbres que en casa aprendió.
Siempre con el propósito de surgir y ser mas que esa chica del millón de dólares que muchos envidiarían.
El rechazo.
Los desprecios.
La deshonestidad.
El maltrato social y discriminación de sus valores.
María se pregunta porque las costumbres y las buenas enseñanzas que aprendemos en casa han quedado atrás.
María quiere saber porque las mujeres hoy en día solo piensan en prótesis que poco a poco llegaran al deterioro y probablemente causaran enfermedades.
María ya no esta.
Nadie sabe donde llego a parar, pues siempre fue entregada a su mundo extremadamente extraño y para normal, donde se regodeaba de libros y del vivir que muchos hoy en día no toman en cuenta.
María ha dejado una carta antes de partir.
Donde solo expreso estas sencilla palabras: “el dolor en mis hombros esta, como una carga pesada que no puedo lidiar, necesito mas que este material y cruel mundo que me quiere hacer víctima de lo que nunca me enseñaron en casa. Decido irme lejos, donde el mal no atraviese mis valores y me haga ser una persona que solo puede sonreír y encajar en una sociedad donde el bisturí y el cochino dinero sean el elixir de vida”.
Quiero paz. Quiero vida.
Quiero libertad.

G.

lunes, 17 de noviembre de 2008

De amor y odio.

Las luces nunca prenderán.
Los satélites nunca funcionaran.
El fuego dejara de quemar nuestra libertad.
Soltaremos palomas de paz en campos de odio,
Recogeremos cestas de mazorca
Y encontraremos la peste de alguna plaga en el.

Necesitaremos transfusiones de sangre,
Prenderemos inciensos
Y fumaremos unos puros al estilo de Fidel Castro.

En nuestro lecho de muerte no habrá mucho que decir,
La gente habrá de murmurar en los pasillos de nuestra casa
Y seguiremos siendo los mismos paranoicos de siempre.

Aun estando casi extintos no corregiremos las tristezas que nos causamos,
Nos cansaremos de aparecer como fantasmas
Y buscaremos lugar donde no debemos.

Me siento triste por TÍ,
Te sientes triste por MÍ,
Nos sentimos vacios por esta oscura realidad,
Fundiremos la humanidad
Y formaremos alguna especie
Que realmente no sienta amor y odio.

G.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La primera llovizna de noviembre.

Por mucho tiempo desee que las mentiras nunca formaran parte de ti,
Jugando a la ruleta rusa con frases y verdades que nunca oímos por el ruido presente.
Con la llovizna cerca.
Con el penetrable olor a lluvia abrazando nuestro olfato,
Visualizando calles inundadas,
Observando la rara pigmentación del cielo,
Levitando nuestros pensamientos y deslizándonos en las gotas que recorren
Las ventanas de ese viejo edificio,
Escuchando la oscuridad que asecha nuestras almas.
Ingiriendo la rutinaria taza de té en la misma mesa de siempre.
Esperando la primera puesta de sol,
Aspirando ser oxigeno,
Queriendo secar las calles para correr y así desaparecer.
Dejando a un lado lo que al principio creímos hermoso cuando ansiábamos no mentirnos uno al otro,
Destruyendo el espejo que muchas veces manchamos en sueños
Cuando jugábamos a querernos incondicionalmente,
Con nuestra primera llovizna del mes de noviembre, presente.
Con esa culpa que no nunca pudimos cargar.
Deseando una vez más retroceder el tiempo y nunca haber archivado nuestras inmaduras emociones,
Asimilándolas al absurdo parecido de la estabilidad.
Brillando nuevamente entre las rojizas nubes de soledad,
Escarbando el cielo en busca de:
"Una hermosa ment&€$ que nos uniera una vez más".

G.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Manchas de aceite.

Creer en corrientes mas allá de lo natural es algo sumamente raro.
Pensar que estamos desconectados seria nuestro principal error.
Error que nos llevara a la condena.
Siendo más que peones en la espera de algún profeta.
Sedientos, hambrientos, vestidos cual vagabundo merodea en las calles en busca de algún estupefaciente que lo haga alucinar.
Esperando ese eterno sufrir placentero.
Dibujando los barrotes de una eléctrica cárcel para saciar nuestro indestructible masoquismo.
Sin necesidad de desprendernos de lo que verdaderamente amarramos.
Creyendo en que siempre seremos eternos.
Consumiendo nuestra capacidad auditiva.
Dándole al oso la presa más gorda y jugosa.
Jugando a ser planetarios.
Queriendo volar la nave que estaciona nuestro creador en su magnética pista de aterrizaje.
Creando memorias con capacidad superior al disco duro que en tu sistema reside.
Soldando circuitos en nuestras espaldas.
Añorando ser el nuevo dios de la era donde las maquinas se odian entre sí.
Sintiendo frió.
Pena.
Soledad.
Con muchas ganas de encontrar respuestas satisfactorias a este episodio que sigue recordándome una vez más que estar manchado de esta especie de aceite no suele ser mi mejor opción.

G.